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03.04.2015

The New York Times | Arquitectura y diseño de América Latina llegan a museos de Nueva York


Lina Bo Bardi en la sala de la Casa de Vidrio que ella y su marido, Pietro Bardi, diseñaron para sí mismos después de que se establecieron en São Paulo. Credit Chico Albuquerque/Convenio Museu da Imagem e do Som- SP/Instituto Moreira Salles

La tan conocida frase “Mi casa es tu casa” tal vez sea la expresión perfecta de la calidez y la hospitalidad de América Latina, pero deja algunas preguntas básicas sin respuesta; en especial si uno está interesado en la arquitectura y el diseño: ¿Cómo es la casa? ¿Y que hay en su interior?

Tres muestras, incluyendo la recién inaugurada “Latinoamérica en construcción: Arquitectura de 1955 a 1980” en el Museo de Arte Moderno, tienen como propósito dar respuesta a esas interrogantes. Aunque se conformaron por separado y tienen una curaduría un tanto diferente, en conjunto crean una imagen completa de las tendencias en la arquitectura y el diseño en América Latina desde la Segunda Guerra Mundial, además de sugerir un patrón de innovación regional que no fue reconocido en su totalidad en el momento en que ocurrió.

“Aquí el verbo más importante es revalorar”, comentó Barry Bergdoll, curador de la muestra del MoMA, que permanecerá en exhibición hasta el 19 de julio. Al igual que en las otras exposiciones de diseño, la meta es desafiar lo ortodoxo , explicó, “mostrar una postura polémica, que revela a Latinoamérica como centro de experimentación y originalidad, en el que se exportan tantas ideas como las que se importan”. De una u otra forma, cada una de las muestras hace eco de una exposición que hubo en el MoMA hace 60 años, que hacía un análisis de la arquitectura latinoamericana de 1945 en adelante. En la Sociedad de las Américas se exhibe una muestra de muebles, cerámica y objetos de vidrio y de otros materiales que se titula “Moderno: Diseño para vivir en Brasil, México y Venezuela”, que recibirá visitantes hasta el 16 de mayo y abarca el periodo de 1940 a 1978, en tanto que el Museo de Arte y Diseño concentra su atención en los últimos 25 años en su exposición “Nuevos Territorios: Laboratorios de diseño, artesanía y arte en Latinoamérica”, que permanecerá en el museo hasta el 5 de abril.

Aunque la exposición del MAD está organizada entre duplas de “centros urbanos” que incluyen a Santiago y Buenos Aires; San Salvador y San Juan; en las tres muestras predominan desarrollos de Brasil, México y Venezuela. La construcción de Brasilia a finales de los cincuenta fue un símbolo de las enormes ambiciones y el espírito pionero de América Latina, pero la muestra del MoMA hace énfasis en que los gobiernos de México y Venezuela también echaron mano de su recién adquirida riqueza, derivada de la industrialización y el petróleo, para impulsar la construcción de viviendas, universidades, hospitales, bibliotecas y museos con características locales.

Maria Cecilia Loschiavo dos Santos, curadora brasileña y autora de “Modern Furniture in Brazil”, quien también trabajó en la exhibición de la Sociedad de las Américas, describió con claridad la relación entre la nueva exposición del MoMA y las dos muestras de diseño. En una entrevista explicó que “los objetos tradicionales eran incompatibles con esta nueva arquitectura modernista. Se necesitaban nuevos productos con líneas más limpias y menos ornamentación”.

Las exposiciones también reflejan el creciente reconocimiento internacional a la arquitecta y diseñadora Lina Bo Bardi, quien ha sido inspiración de varios libros y valoraciones críticas recientes. Bo Bardi nació en Italia en 1914 y emigró a Brasil después de la Segunda Guerra Mundial, donde desarrolló un estilo, descrito por el crítico Martin Filler en un artículo del año pasado en el New York Review of Books, como “de una fascinación contradictoria pero resuelto con inteligencia” con diseños que eran “atrevidos en cuanto a su estructura, si bien extraordinariamente cómodos; desorganizados sin remordimiento alguno, pero conceptualmente rigurosos y claramente dinámicos con todo y que son sugerentemente híbridos”.

En la muestra de la Sociedad de las Américas, una enorme fotografía de Bo Bardi de pie en la sala de la Casa de Vidrio que ella y su marido, Pietro Bardi, diseñaron para sí mismos después de que se establecieron en São Paulo da la bienvenida a los visitantes. La exposición del MoMA presenta la misma casa, así como proyectos de Bo Bardi para el Museo de Arte de São Paulo, el Centro de Recreación de Pompeia y el complejo Solar do Unhão en Salvador; por su parte, la exposición de la Sociedad de las Américas incluye su versión modernizada de una tradicional silla de madera de Bahía con antecedentes africanos.

“En parte, estamos ávidos de modelos tanto femeninos como alternativos, probablemente como reacción al sistema de arquitectos estrella”, aseveró Bergdoll, quien es también catedrático de Historia del Arte en la Universidad de Columbia, en respuesta al fenómeno Bo Bardi. Y advirtió que al hacerlo “estamos reinventándola póstumamente como una estrella y la estamos convirtiendo en una heroína a tal grado que sus paradojas se están oscureciendo”.

En el MoMA, la Casa de Vidrio de Bo Bardi se incluye en una sección dedicada a los hogares de destacados arquitectos internacionales, como los que se hicieron construir los mexicanos Luis Barragán y Juan O’Gorman y el brasileño Paulo Mendes da Rocha; con ello se enfatiza un asunto fundamental para la arquitectura de la región: en los países en desarrollo, con amplios espacios abiertos y que se urbanizaron de manera tardía, los arquitectos pudieron darle rienda suelta a la imaginación como no lo habrían podido hacer en ciudades que tienen siglos de antigüedad en Europa o incluso en el este de Estados Unidos.

La referencia a los “Nuevos Territorios” en el título de la muestra del MAD puede ser considerada potencialmente peligrosa, debido a que para los latinoamericanos podría implicar que es hasta ahora cuando su creatividad está siendo “descubierta”, al modo de Cristobal Colón. Sin embargo, Lowery Stokes Sims, directora del museo, aclaró que “nuevos territorios” no se usó en el sentido geográfico, sino como referencia a nuevos géneros, estrategias y materiales incorporados a la producción artística.

“Todos estábamos conscientes de que no queríamos caer en estereotipos de América Latina”, dijo y añadió que “América Latina Global” y “Nuevas Fronteras” fueron otros títulos considerados para la exposición, pero después de viajar por la región; hablar con “jóvenes diseñadores que desconstruyen a los íconos del diseño” y de concluir que el “supra-reciclaje de materiales es casi una estética” quería un título que evocara un lugar “que reuniera arte, diseño de artesanía y ciencia”.

La reutilización de vidrio, metal y otros materiales es una característica que sobresale en el diseño latinoamericano, a menudo como una ingeniosa respuesta a las limitantes financieras. Pero Jorge Rivas Peréz, arquitecto, diseñador, crítico y curador venezolano que colaboró con las exposiciones del MAD y de la Sociedad de las Américas, también subrayó la influencia de dos impulsos en conflicto.

“En Latinoamérica estamos bombardeados por el anhelo de pertenencia a nuestros países y al mismo tiempo de ser cosmopolitas e internacionales. Este deseo paralelo de ser local y de ser parte de la escena global se ha dado en América Latina a partir de la década de los cuarenta, cuando los diseñadores trataron de emplear el vocabulario del modernismo, entonces en boga, pero también reconocieron la necesidad de adaptarlo a materiales y sistemas de producción locales con base en técnicas y tradiciones del lugar”, explicó.

Dicha tensión se ejemplifica de manera contundente en la exposición del MAD, a través de objetos como un tapiz chileno que fusiona los motivos tradicionales de los mapuches con los códidos de barras de matriz de puntos, o las lámparas mexicanas que emulan cestas de pescadores. Pero el ejemplo más impresionante podría ser un espejo y una mesilla de noche de Brasil del año 1996 hechos de acrílico negro parecido al ónix y cortados con láser y que, no obstante, muestran florituras de diseño barroco que datan del periodo colonial del siglo XVIII.

Para los estadounidenses, algunas de las piezas y estilos mexicanos en exhibición en ambas muestras de diseño pueden parecer familares y no es sólo porque artesanos estadounidenses del siglo XX como el platero William Spratling o el diseñador de muebles Michael van Beuren, ambos presentes en la exposición de la Sociedad de las Américas, se fueron a vivir a México. En realidad, muchos elementos de estilo “californiano” de mitad del siglo XX, al igual que otras tendencias, se originaron o adaptaron con base en desarrollos que provenían del otro lado de la frontera.

A lo largo del siglo pasado, “hubo un diálogo contínuo y permanente con Estados Unidos, que fluía en ambas direcciones y se trataba de un diálogo entre iguales”, expresó Ana Elena Mallet, curadora mexicana especializada en el diseño contemporáneo que fungió como consultora en ambas exposiciones de diseño. “Este proceso sólo se ha visto acelerado por el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica” que entró en vigor en 1994 y que realmente ha unificado al mercado estadounidense y al mexicano.

La relación pone de manifiesto una peculiaridad de la arquitectura y el diseño latinoamericano, implícita en cada una de las muestras. Con la llegada de la televisión por cable y después la Internet, los latinoamericanos, creadores y consumidores por igual, con frecuencia estaban más al pendiente de las tendencias de Europa y Estados Unidos que de lo que pasaba en las naciones vecinas: cualquiera que fueran las similitudes estilísticas que surgieron a nivel regional, todas emergieron principalmente como resultado de respuestas individuales y paralelas a los desafíos de la urbanización, la pobreza y la necesidad de integrar de alguna manera la modernidad y la tradición.

“Incluso para los latinoamericanos, algunas de estas piezas serán una revelación. Sí, es cierto que hubo una revolución en el diseño, pero su difusión entre los países [latinoamericanos] fue muy limitada”, expresó Rivas. Continuó diciendo que el “90 por ciento de los objetos en exhibición se encuentran en colecciones privadas en sus propios países y nunca antes habían sido expuestos al público. Por ello, es una maravillosa coincidencia que todo esto llegue al mismo tiempo a la Ciudad de Nueva York”.

Fuente: www.nytimes.com

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